La OnaniCard: Crónica jocosa de cómo España planea regular el placer digital (y fracasará estrepitosamente en el intento)
Nota antes de empezar: Soy partidario de cada uno en su libertad haga lo que considere si eso no afecta a la libertad del prójimo. Y estoy en contra de cualquier abuso de cualquier tipo y hacia cualquier persona, en especial con la pedofilia y el abuso de la infancia, bullyng, ciberbullyng, etc.
Hello EveryOne!!, Querido y estimado lector de Obss, preparémonos para la revolución sexual del siglo XXI. El Gobierno español, en un alarde de genialidad que haría palidecer a los más grandes pensadores de nuestra era, ha decidido que la solución a todos nuestros problemas es… ¡redoble de tambores, por favor!... un carnet digital para ver pornografía. Sí, habéis leído bien. Bienvenidos al maravilloso mundo del “pajaporte” digital. (termino acuñado por forocoches).
Este prodigio de la ingeniería burocrática, cariñosamente apodado como la “OnaniCard” por los más jocosos, nos ofrecerá la friolera de 30 accesos a contenidos para adultos durante 30 días. Porque, como todos sabemos, el deseo sexual de los españoles se ajusta perfectamente a este calendario gubernamental. Ni uno más, ni uno menos. La precisión matemática del placer, señores. Me gustaría visualizar el DashBoard creado en PowerBI para la ocasión.
Para obtener este tesoro digital, solo tendremos que identificarnos con nuestro DNI electrónico. ¿Qué puede salir mal? Después de todo, ¿A quién no le entusiasma la idea de que el gobierno tenga un registro detallado de nuestros hábitos onanicos? Sin duda, esto mejorará enormemente la relación entre los ciudadanos y el Estado. Imaginaros las posibilidades: “Estimado contribuyente, hemos notado que su consumo de contenido para adultos ha disminuido este mes. ¿Se encuentra usted bien? ¿Necesita ayuda de nuestro nuevo Ministerio de Bienestar Sexual?”, Carné de puntos Vip ¿quizás?
Quién nos garantiza, tal y como el estado de los ciberataques hoy en día, que esa jugosa (no os voy a negar que mi primera palabra ha sido húmeda, pero se esta yendo la pinza, centrarte por favor) Base de datos, ¿no va a ser vulnerada? ¿Cuánto tiempo tardará en rular por la internet oscura?
El objetivo principal, nos aseguran con cara de póker, es impedir que los menores de 18 años accedan a contenidos para adultos. Porque, evidentemente, ningún adolescente en la historia de la humanidad ha encontrado jamás la forma de burlar una prohibición. Y por supuesto, las VPN, que son tan solo un mito urbano, al igual que esos misteriosos servidores extranjeros de los que tanto se habla. Los jóvenes, conocidos por su obediencia ciega a la autoridad y su desinterés total por lo prohibido, seguramente acatarán esta medida sin rechistar.
Pero no nos quedemos en la superficie. Esta brillante iniciativa abre un mundo de posibilidades. ¿Por qué detenernos en la pornografía? Quizás mañana necesitemos identificarnos para ver vídeos de gatitos, o para leer noticias sobre la familia real y asa con un largo etc. Al fin y al cabo, ¿no es la información un arma peligrosa en las manos equivocadas? Imaginemos un futuro glorioso donde cada clic, cada búsqueda, cada pensamiento impuro sea cuidadosamente registrado y analizado. ¡El sueño húmedo de cualquier burócrata hecho realidad!
Algunos aguafiestas sugieren que sería mejor regular los contenidos que se suben a las plataformas, o educar a la sociedad para tener una sexualidad respetuosa. Pero, seamos sinceros, ¿Dónde está la diversión en eso? Es mucho más emocionante crear un sistema de control digital que haría sonrojar al mismísimo George Orwell. Además, ¿Para qué molestarnos con la educación cuando podemos simplemente prohibir y controlar? Es la solución por excelencia: si no podemos vencerlo, lo prohibimos.
Y no olvidemos el aspecto económico. Porque seguramente detrás de todo esto no hay un tema de dinero, ¿verdad? El Estado, conocido por su desprendimiento y falta de interés en recaudar, seguramente no está pensando en las suculentas suscripciones y multas que este sistema podría generar. No, qué va. Esto es puro altruismo gubernamental. Probablemente, el próximo paso sea ofrecer “packs” premium: “Por solo 10 euros más, desbloquee el pack ‘Fantasías Ministeriales’, con contenido exclusivo inspirado en sus políticos favoritos”.
Pero no todo van a ser risas y diversión en el paraíso del control estatal. Pensemos en los pobres y sufridos empleados públicos que tendrán que gestionar este sistema. Imaginemos la siguiente escena: “Buenos días, bienvenido al Departamento de Gestión de Accesos Eróticos. ¿En qué puedo ayudarle? ¿Ha olvidado su contraseña de la OnaniCard? No se preocupe, le enviaremos un código de recuperación a su correo electrónico. Por favor, asegúrese de que su jefe, progenitores y/o pareja no esté mirando cuando lo abra”.
Y qué decir de las posibles clasificaciones que podrían surgir. ¿Tendremos un ranking nacional de consumo pornográfico? Quizás sea la nueva forma de medir el patriotismo: “Este mes, la Comunidad de Madrid ha superado a Cataluña en consumo de contenido para adultos. ¡Enhorabuena a todos los madrileños por su ardiente compromiso con la patria!”
Mientras tanto, las empresas de VPN se frotan las manos. Nunca antes en la historia de España va a ser ser tan lucrativo el negocio de ayudar a la gente a ocultar su identidad en línea. Quizás deberíamos empezar a incluir en Linkedin “Experto en evasión de restricciones digitales” como una habilidad valiosa en nuestros currículums.
En fin, querido lector, si me disculpáis, voy a invertir en acciones de empresas de VPN y en fábricas de papel higiénico. Algo me dice que ambos sectores van a tener un futuro brillante en nuestro país. Mientras tanto, brindemos por esta nueva era de “libertad” digital y “privacidad”. ¡Viva la OnaniCard y el Pajaporte, y viva la imaginación burocrática!
Y recordar, conciudadanos todos: Big Brother no solo nos está vigilando, ahora también quiere saber exactamente qué estamos viendo. Así que la próxima vez que sientas un cosquilleo, no olvides pedir permiso al gobierno. Porque si hay algo que caracteriza a la sexualidad humana es su predictibilidad y su facilidad para ser regulada por decreto.
En resumen, preparémonos para vivir en un país donde la privacidad es opcional, la burocracia es sexy y el gobierno es nuestro compañero de cama más fiel. ¡Bienvenidos al futuro, España! Donde nuestras fantasías más salvajes son ahora asunto de Estado.
Ah, pero espera un momento, querido lector. Antes de que nos rasguemos las vestiduras por esta intromisión gubernamental en nuestras sagradas costumbres onanísticas, permitirme recordaros un pequeño detalle que parece habérsenos escapado en medio de tanta indignación, venga si ya te lo imaginabas, ya estamos siendo observados, queridos míos. Y no por uno, sino por un ejército de ojos digitales que haría parecer al Gran Hermano un simple aficionado.
¿Estamos realmente tan ofendidos por el control gubernamental? ¡Ja! Permirme presentaros a los verdaderos maestros del espionaje moderno, esas entidades ante las cuales hemos entregado voluntariamente nuestra privacidad con una sonrisa:
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Primero, saludemos a nuestro querido proveedor de telefonía. Ese amigo fiel que no solo sabe a quién llamamos y cuándo, sino que también puede adivinar nuestros hábitos nocturnos por el repentino aumento del consumo de datos a altas horas de la madrugada. “¿Otra vez viendo ‘documentales’, señor García?”
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¿Y qué me decís de nuestro salvador tecnológico, el proveedor de VPN? Ah, esa capa de seguridad que nos hace sentir como hackers invencibles mientras navegamos. Pero cuidado, si la VPN es gratuita, probablemente tus datos están siendo vendidos a cientos de “partners” más rápido de lo que podamos decir “privacidad”. ¡Sorpresa! Pues no era gratis después todo!
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No olvidemos, tampoco, a los cientos de partners de las webs “dedicadas”, esos simpáticos chicos de las cookies que saben exactamente qué categorías nos hacen tilín. Ellos son ese amigo que siempre sabe qué regalo hacernos en Navidad, solo que, en este caso, el regalo son anuncios personalizados que nos persiguen por todo internet.
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Y hablando de regalos, ¿Qué me decís del proveedor del sistema operativo de nuestro SmartPhone? Ese compañero inseparable que conoce hasta el ritmo de nuestros pasos y, por supuesto, nuestros hábitos de navegación más íntimos. “Siri, por favor, no juzgues mis búsquedas de medianoche.”
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Pero el premio gordo se lo lleva el proveedor de nuestro smartwatch. Ese pequeño espía en nuestra muñeca que no solo cuenta sus pasos y pulsaciones, sino que también detecta y almacena los movimientos repetitivos de nuestra mano. Sí, amigos, nuestro reloj inteligente sabe exactamente cuándo estamos haciendo “ejercicio” y con qué frecuencia. ¿Quién necesita un carné del gobierno cuando tenemos un chivato digital atado a nuestra muñeca?
Así que, queridos conciudadanos indignados, antes de alzar nuestras antorchas y tridentes contra el malvado gobierno que quiere saber qué vemos en nuestros momentos de soledad, quizás deberíamos preguntarnos: ¿A cuántas empresas les hemos dado ya acceso VIP a nuestro dormitorio digital? ¿A cuantas empresas les hemos vendido nuestra alma?
En este valiente mundo nuevo, parece que nuestra privacidad es como esa tarta que todos quieren probar: el gobierno, las empresas tecnológicas, e incluso ese reloj inteligente que nos regaló la tía Paqui en Navidad. Todos quieren su pedazo del pastel de nuestra intimidad.
Así que la próxima vez que nos escandalicemos por la “OnaniCard” gubernamental, deberemos recordar que ya estamos en una orgía de vigilancia digital. El gobierno solo quiere unirse a la fiesta un poco tarde. ¿Quién sabe? Quizás incluso traigan algo de picar.
Pero no penséis que mi afán es únicamente la critica gratuita al gobierno por la solución planteada, que uno también tiene su pequeña conciencia. Si bien estamos en nuestro derecho de cuestionar la efectividad y los riesgos de privacidad de un sistema de carné digital, es más importante reconocer la necesidad real de tomar medidas para limitar el acceso de los niños y jóvenes a material inapropiado.
Algunas soluciones más efectivas y menos intrusivas que podríamos considerar:
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Mejorar la educación sexual y la alfabetización digital desde una edad temprana. Enseñar a los niños sobre sexualidad, relaciones saludables y el uso responsable de internet les dará herramientas para navegar estos temas de forma más segura.
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Promover el desarrollo de filtros y controles parentales más avanzados y fáciles de usar en dispositivos y plataformas. Los padres deben tener opciones confiables para monitorear y limitar el contenido al que acceden sus hijos.
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Trabajar con la industria pornográfica y las redes sociales para implementar una verificación de edad más robusta en el acceso a contenidos para adultos. Esto podría incluir sistemas de identificación biométrica o de doble factor que dificulten el acceso a menores.
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Aumentar las penas y el monitoreo a quienes produzcan y distribuyan pornografía infantil. Combatir la explotación sexual de menores debe ser una prioridad.
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Fomentar la investigación y el desarrollo de alternativas a la pornografía que satisfagan de manera sana las necesidades de información y exploración sexual de los adolescentes.
Nos vemos en las Redes!!